Circuito de Monza

Autodromo Nazionale di Monza, el templo de la velocidad. Nombre muy apropiado para un trazado donde las rectas ocupan tres cuartas partes del total, los pilotos pisan a fondo el acelerador durante más tiempo y se alcanza la velocidad media más alta de todo el mundial. Otro trazado mítico lleno de historia y leyendas, casa no-oficial de Ferrari y de sus tifosi, unido en demasiadas ocasiones por la tragedia. Situado en el norte de Italia, cerca de Milán, se encuentra en medio de un característico entorno natural que le confiere parte de su encanto y  al que debemos de que no pueda ser reformado como otros muchos.  La pista es básicamente una serie de rectas largas intercaladas con chicanes. Sólo hay tres curvas tradicionales: los dos virajes de Lesmo y la Parabólica.

Inconfundibles sus largas rectas y sus variantes, nada identifica mejor este circuito que su última curva. Si Spa tiene Eau-Rouge y Suzuka la 130R, Monza es La Parabólica, interminable curva de gran velocidad con un radio que va aumentando gradualmente que lanza a los monoplazas hacia la línea de meta. Todo un reto a la precisión y valentía de los pilotos.

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Las características tan particulares de Monza hacen de este un circuito de potencia, de velocidad punta, de mínima carga aerodinámica. Los equipos están obligados a utilizar una configuración específica (que no se utiliza más en todo el año), con alerones casi planos que minimicen tanto la carga aerodinámica como sea posible para así conseguir la mayor velocidad en recta, pero sin comprometer la estabilidad en las frenadas. Aquí la eficiencia aerodinámica es vital, para que a la vez que se descarga ala se mantenga la suficiente carga aerodinámica que haga al monoplaza ser más rápido que el resto en el paso por las curvas rápidas. Otro punto muy importante a tener en cuenta son las suspensiones. Debido a los grandes pianos de las chicanes son necesarios coches muy estables.

Muy duro con los motores (acelerador a fondo durante el 70% de cada vuelta), la energía de frenada no es muy alta pero sí lo es la potencia de frenada debido a que la mayoría de las frenadas son de muy alta a baja velocidad. En cuanto a los neumáticos, Monza es uno de los más exigentes del mundial, debido a las altas velocidades y las fuertes cargas laterales que deben soportar las cubiertas. La poca carga aerodinámca hace que la superficie de contacto  del neumático se puede triplicar si la comparamos cuando el monoplaza está parado.

Datos técnicos

Tipo Permanente Sentido
Longitud 5.793 km Distancia total 306.7 km
Vueltas 53 Desnivel Bajo
Curvas 11 … a derecha 7
Longitud pit-lane 422 m Tiempo pit-lane 15.2 seg
Velocidad máxima 337 km/h Velocidad media 247 km/h
Recta más larga 1520 m Velocidad media en curva 130 km/h
       
Carga aerodinámica Fuerza G máxima 3.8 G
Exigencia del motor ★★★★ Cambios por vuelta 46
Acelerador a fondo 83% Máxima aceleración 16 seg
Consumo de combustible ★★ Consumo por vuelta 2.60 kg
Refrigeración ★★    
Exigencia de frenos Tiempo de frenada 10%
Exigencia de neumáticos Agarre ★★

Diagrama circuito Monza

Una vuelta al circuito

Monza Sector 1Atravesando la gran recta de meta se llega la Variante del Rettifilo, una chicane muy complicada (especialmente en la salida) que necesita una fuerte frenada desde 100 metros antes reduciendo desde séptima marcha hasta la primera, para pasar a poco más de 85 km/h por la primera curva, a la que hay que entrar tarde sacrificando la salida para poder hacer bien la segunda parte de la chicane, por la que se pasa a 75 km/h.Hay que ir muy por dentro para salir con velocidad. Y la es fundamental tracción para no patinar y hacer un trompo. Completado este primer punto crítico, se acelera a fondo subiendo marchas mientras se atraviesa la curva Biassono (T3), un largo curvón a derechas donde se pueden alcanzar los 305 km/h, manteniendo el coche a la derecha de la pista para afrontar el siguiente sector.

Comienza este sector marcando una punta de 330 km/h, para inmediatamente abordar una nueva chicane (izquierda-derecha) bastante complicada, la Variante della Roggia. Se hace en segunda, pasando por la T4 a 120 km/h, una zona en que se se puede sufrir de subviraje, y hay que tener cuidado con no aprovechar demasiado los pianos, pues puede escupir el coche hacia fuera. Se sale de esta chicane acelerando hasta engranar quinta velocidad a 265 km/h para afrontar las famosas curvas de Lesmo, ambas con un pequeño peralte. La primera (T6) es más lenta, unos 200 km/h, buscando el interior para salir todo lo posible por el exterior para intentar alcanzar mayor velocidad al trazar la segunda de estas curvas, más complicada. Se llega en quinta a 260 km/h y se frena a 178 km/h en tercera, sin tocar mucho unos pianos que son traicioneros. Una pequeña bajada a la salida de esta curva nos encamina hacia la Curva del Serraglio, un leve curvón que se toma a la izquierda a fondo y sin dificultad, pasando en sexta a 304 km/h.

El último sector comienza con la Variante Ascari, que junto con la chicane de inicio, es la parte más técnica del circuito. Tras pasar bajo el puente del antiguo trazado, se frena de 330 km/h hasta 170 km/h para trazar la primera curva (T9) en tercera. Manteniendose en la derecha, se toma la curva nueve y se busca el vértice de la T10 tratando de hacerla lo más recta posible a 235 km/h. A la salida de la curva, se acelera por la recta que nos lleva a la curva más famosa, la Parabólica. Un curvón muy largo de alta velocidad progresivo, que comienza cerrado y se va abriendo. Se ataca pronto, frenando brevemente hasta tercera, por el arcén interior, para efectuar toda la segunda mitad por fuera acelerando hasta salir de ella a 285 km/h en quinta para afrontar la recta de meta, donde se pueden alcanzar los 340 km/h, y completar la vuelta.

OnBoard

La vuelta que le valió a Lewis Hamilton la pole del Gran Premio de Italia 2012 con el McLaren MP4/27:

Retrocedemos en el tiempo para subirnos al Benetton B189 de Alessandro Naninni

Otro tesoro histórico. Una vuelta con Eddie Cheever en su Renault RE40 V6 Turbo en los entrenamientos libres del Gran Premio de Italia de 1983:

Para terminar, un precioso vídeo comparando 1966 y 2007

Algo de historia

Monza es el circuito que más carreras de Fórmula 1 ha albergado. Desde 1950 se disputa en él Gran Premio de Italia (salvo en 1980 que se celebró en Imola por obras de remodelación). Junto al de Gran Bretaña, son los dos únicos Grandes Premios que han estado siempre presentes en el calendario.

La pista fue construida en 1922 y financiada por el Milan Automobile Club. Constaba de un circuito de 10 kilómetros de extensión sobre un terreno de casi 3’5 km2.

En 1962, la Fórmula 1 dejó de utilizar la sección oval y pasó a disputar el Gran Premio de Italia en el circuito mixto de 5,8 km, al que se le fueron agregando chicanas.

La relación de Monza con la tragedia es notoria. Seis años después de su inauguración, el piloto italiano Emilio Materassi perdió el control de su coche en la vuelta 17 y murió al instante cuando chocó contra una tribuna. 27 personas murieron y un gran número resultaron heridas. En 1961, Wolfgang Von Trips moría tras un accidente con Jim Clark en un accidente en el que también perecieron catorce espectadores después de que su Ferrari saliera desprendido del choque. En 1970, durante la calificación, Jochen Rindt perdió la vida con su Ferrari. Rindt pudo proclamarse campeón mundial en Italia, pero fue en el Gran Premio de Estados Unidos cuando se convertiría en el primer (y por ahora único)  Campeón del Mundo póstumo de la historia de la Formula 1. Solo ocho años después Ronnie Peterson, el magnífico piloto sueco, falleció en el hospital tras un accidente múltiple en la salida del Gran Premio. Por último, en el año 2000 Paolo Gislimberti, voluntario de pista, murió al recibir el impacto de un neumático que salió desprendido de un accidente que sucedió en la primera vuelta.

La edición celebrada en 1971 vivió el final más ajustado de la historia. Entre el ganador, Peter Gethin, y el quinto clasficado sólo hubo 6 décimas de diferencia.

Una de las historias/leyendas más emocionantes de la era moderna de la F1 es la que sucedió en Monza en 1988, sólo un mes después de la muerte “Il Commendatore”. Fue la única carrera que ganó la Scuderia aquel año, y la única carrera donde fueron derrotados los invencibles MP4/4 de prost y Senna.

En 2000, Michael Schumacher venció esa carrera e igualó el número de victorias del legendario piloto brasileño Ayrton Senna. En la rueda de prensa posterior el implacable “kaiser” no pudo contener la emoción y rompió a llorar.

Allí se estableció en 2005 el récord de velocidad máxima de un monoplaza en un Gran Premio con 372,6 km/h, por el piloto Juan Pablo Montoya.

Vettel consiguió su primera (y sorprendente) victoria pilotando un Toro Rosso en 2008.

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